Nuevas perspectivas para entender el
emprendimiento empresarial
Al analizar las
sociedades de hoy, se podría concluir que su desarrollo se debe a que han
implementado el fenómeno del emprendimiento con diversas características de
motivaciones de afiliación, logro y poder (McClelland, 1961),
como directrices para lograr un desempeño eficaz dentro de sus empresas y contribuir con su crecimiento. Estudiar las empresas como centros de desarrollo del emprendimiento exige el análisis de las características de los empresarios como emprendedores y sus diversas perspectivas de estudio, para comprender de manera detallada las diversas contribuciones para la interpretación del emprendimiento como fenómeno socioeconómico, básico para el desarrollo de cualquier sociedad. De esta manera se proyecta el análisis del fenómeno del emprendimiento, a través de los diversos aportes que han realizado investigadores, para su comprensión e interpretación de manera holística como fenómeno cultural.
como directrices para lograr un desempeño eficaz dentro de sus empresas y contribuir con su crecimiento. Estudiar las empresas como centros de desarrollo del emprendimiento exige el análisis de las características de los empresarios como emprendedores y sus diversas perspectivas de estudio, para comprender de manera detallada las diversas contribuciones para la interpretación del emprendimiento como fenómeno socioeconómico, básico para el desarrollo de cualquier sociedad. De esta manera se proyecta el análisis del fenómeno del emprendimiento, a través de los diversos aportes que han realizado investigadores, para su comprensión e interpretación de manera holística como fenómeno cultural.
La comprensión
del fenómeno del emprendimiento requiere, primero que todo, analizarlo desde su
evolución como aspecto económico y social, para luego estudiarlo desde diversas
perspectivas, y en última instancia proponer su análisis desde el punto de
vista cultural y psicoanalítico. Luego, el estado del arte del emprendimiento
exige estudiar de manera inter y transdisciplinaria su naturaleza y sus
diversos objetos de estudio para poder comprenderlo.
1. EVOLUCIÓN
DE LA PALABRA EMPRENDIMIENTO
La palabra
"emprendimiento" se deriva del término francés entrepreneur, que
significa estar listo a tomar decisiones o a iniciar algo. Al describir la
evolución histórica del término emprendedor, Verin (1982) muestra cómo a partir
de los siglos XVII y XVIII se calificaba de emprendedor al arquitecto y al
maestro de obra. De esta manera se identificaba en ellos características de
personas que emprendían la construcción de grandes obras por encargo, como
edificio y casas. Esta concepción se asocia con el concepto de empresa que se identifica
como una actividad económica particular, que requiere de evaluación previa
sobre la producción y su equivalente en dinero, que en todo momento de la
ejecución los criterios para evaluar la empresa ya están determinados en
variables de producto y dinero.
Según la
evolución del pensamiento económico clásico, la economía actual se originó a
comienzos del siglo XVIII en Francia con los fisiócratas, cuyo autor más
representativo fue Richard Cantillón (1680-1734), que introduce por primera vez
el concepto moderno de entrepreneur, definido como el individuo que asume
riesgos en condiciones de incertidumbre, dividiendo a los productores de la
economía de mercado en "contratados", que reciben salarios o rentas
fijas, y los "emprendedores", que reciben ganancias variables e
inciertas. Según Cantillón (1755), una de las primeras apariciones del término
se describe como el hombre racional por excelencia, que actuaba en una sociedad
mercantil donde la competencia y la incertidumbre hacen evaluar las probabilidades
para tomar decisiones. Los fisiócratas, economistas clásicos y políticos,
complementaron los planteamientos relativos a la fuente de capital disponible
para innovación económica y su relación con los entrepreneurs. Jaques Turgot
(1727-1781), Barón de Laune, en su obra Reflexiones sobre la formación y
distribución de la riqueza (1766), afirmó que los riesgos que asume el
entrepreneur son respaldados por su propia porción de capital, y distinguió
cinco formas de emplear el capital: la compra de tierras, la inversión en
agricultura, la industria, el comercio, y los préstamos a interés, que
proporcionan ganancias distintas.
Adicionalmente,
el concepto de emprendedor se caracterizaba por dos tipos de individuos: el
guerrero arriesgado que emprendía una lucha o hazaña, reconocido por sus
características personales; y el rey o jefe de Estado que planeaba sus
estrategias y políticas para obtener con éxito sus metas, y era reconocido por
sus funciones. Casson (1982) propone dos caminos similares de características
personales y funcionales para definir el concepto de emprendedor, con base en
la economía, diferenciando al emprendedor del inversionista.
La definición
del término emprendedor ha ido evolucionando y se ha transformado con base en
estas dos concepciones, hasta hoy en día, que caracteriza a la persona en un
estado de innovación permanente, altamente motivada y comprometida con una
tarea, que reporta unas características de planeación y ejecución, propensa al
riesgo, y a la vez esquiva a la comprensión de sus propias dinámicas. Casson
(1982) señala:
The term entrepreneur, which most people recognize as
meaning someone who organizes and assumes the risk of a business in return for
the profits, appears to have been introduced by Richard Cantillón an Irish
economist of French descent. The term came into much wider use after John
Stuart Mill, popularized it in his 1848 classic, Principles of political
economy, but then all but disappeared from the economics literature by the end
of the nineteenth century.
Para Hoselitz
(1960) Jean Baptiste Say (1767-1832) es uno de los grandes colaboradores del
emprendimiento en este período, al manifestar que el empresario representaba o
se constituía en el catalizador para el desarrollo de productos, y lo definía
como un "trabajador superior". Consideraba que el fundamento del
valor está en la utilidad que los distintos bienes reporten a las personas.
Esta utilidad puede variar en función de la persona, del tiempo y del lugar en
el contexto del emprendimiento. La concepción de Say es, por lo tanto, que el
valor es subjetivo para el empresario.
Simultáneamente,
la escuela inglesa, con Adam Smith (1723-1790), manifestó inferencias
indirectas sobre el papel del empresario en la economía, y reconoció la
innovación como un sello de actividad profesional en el trabajador superior
(Herbert & Link, 1988). Complementariamente, en su obra Teoría de los
sentimientos morales explica el origen y funcionamiento de los sentimientos
morales: el resentimiento, la venganza, la virtud, la admiración, la corrupción
y la justicia. La conclusión es una concepción dinámica e histórica de los
sistemas morales en oposición a visiones más estáticas, es decir que la
naturaleza humana estaría diseñada para avanzar fines que no necesariamente son
conocidos por los empresarios, que se guían por las causas eficientes. Y en la
Riqueza de las naciones sostiene que la riqueza procede de la división del
trabajo, de su especialización basada en la moral práctica, profundizando a
medida que se amplía la extensión de los mercados y por ende la
especialización. Para resaltar el planteamiento de que, gracias a la apelación
al egoísmo de los particulares se logra el bienestar general, pues la empatía
con el egoísmo del otro y el reconocimiento de sus necesidades es la mejor forma
de satisfacer las necesidades propias. Incluye una filosofía de la historia, en
la cual la propensión a intercambiar, exclusiva del hombre, se convierte en el
motor del desarrollo humano. De esta forma Smith da algunas interpretaciones de
trabajador superior aproximadas al concepto de superyó que Freud posteriormente
trataría de analizar en el psicoanálisis, y que se analizarán más adelante.
En el contexto
de la escuela alemana se destaca en el emprendimiento la influencia de autores
como J. H. Von Thunen (1783-1850), quien enuncia explícitamente los principios
fundamentales de la teoría de la productividad marginal, la cual considera al
hombre-empresario como un sujeto económico cuyo único objetivo es maximizar los
beneficios, y es clara la relación entre el emprendedor y la descripción del
beneficio, que se concibe sobre la base de lo complicado del riesgo y el
ingenio usado. H. K. Von Mangoldt (1824-1868) manifiesta que el emprendimiento
y la innovación son aprobados como factores importantes para la vida
empresarial, aunque no observaba un método de crecimiento dinámico (Herbert
& Link, 1988).
La fisiocracia
o teoría económica clásica abarcó el tema del emprendimiento, pero no se
observó un consenso generalizado, debido a que algunos lo asimilaron como el
individuo que asume el riesgo (Cantillon, Baudeau, Thunen, Bentham); otros como
el trabajador superior (Say y Smith); otros lo relacionaron como el hombre
inteligente (Cantillon, Quesnay, Baudeau y Turgot), y otros lo calificaron como
el innovador (Smith, Bentham y Mangoldt). Esta diversidad de tendencias para la
época se ve reflejada hoy en día, cuando no se vislumbra un tipo homogenizado
de emprendimiento. Para generalizar el tema del emprendimiento se distinguen
dos características: una, donde el emprendedor es tomador de riesgo y persona
demasiado inteligente (Cantillon, Thunen y Baudeau); y otra, en la cual el
emprendedor toma decisiones con riesgo innovador y como trabajador innovador
que hace la diferencia (Bentham y Smith) (Jackson et al., 2001)
Para la Escuela
Neoclásica, ya en el siglo XX, en La ética protestante y el espíritu del capitalismo,
Weber (1864-1920) identifica dos tipos de empresarios: el tradicionalista, que
surge en la época mercantilista, condicionado a una forma capitalista de
producción en la que no se observan rasgos necesarios de mentalidad empresarial
para desarrollar su actividad de manera acumulada; y el capitalista, que
desarrolla una mentalidad empresarial, una personalidad diferente que lo
impulsa a la multiplicación de su riqueza, transformando su actividad en un
proyecto de vida, orientado por la moral puritana. Comenta que la acción del
empresario no es pacífica ni tranquila, por el contrario, las desconfianzas, la
competencia, el individualismo, son manifestaciones que se presentan en el
empresario innovador (Weber, 1984). Adicionalmente, relaciona la ética protestante
con la característica del ascetismo: «Y del mismo modo podría explicarse el
fenómeno no menos frecuente y curioso [...] de que muchas casas parroquiales
hayan sido el centro creador de empresas capitalistas de amplios vuelos, lo que
podría interpretarse como una reacción ascética de la juventud. Pero esta
reacción falla cuando se dan al propio tiempo, en una persona o colectividad,
la virtud capitalista del sentido de los negocios y una forma de piedad
intensa, que impregna y regula todos los actos de la vida» (Weber, 1999:36).
Otro
neoclásico, como Alfred Marshall (1842-1924), enfocó el emprendimiento como J.
B. Say al considerar el emprendedor como trabajador superior, haciendo
referencia a las habilidades de liderazgo requeridas, y añadiendo el factor de
la organización industrial. John Maynard Keynes (1883-1946) acoge la doctrina
de trabajador superior, y desarrolla el concepto original de impulso espontáneo
a la acción, conocido como "animal spirits". (Jackson et al., 2001).
En el contexto
de la teoría neoclásica americana, según Hérbert y Link (1988), el
emprendimiento fue analizado por Francis E. Walter (1894-1963), político
luterano, quien acentuó los elementos de toma de decisiones y el liderazgo;
Frederick Hawley (1827-1889) referenció al tomador de riesgo, haciendo énfasis
en la importancia del emprendedor en el crecimiento económico; John Bates Clark
(1847-1938) debate la teoría de los tomadores de riesgo y describió al
emprendedor como el director de la actividad económica; y Frank Knight (1885-1972)
distingue entre los riesgos asegurables y la incertidumbre no asegurable, y el
desarrollo de una teoría de las utilidades que relaciona la incertidumbre no
asegurable con el cambio económico y con las diferencias de capacidad
empresarial, en las cuales los riesgos no tienen importancia si la
incertidumbre puede ser asegurada.
Otro
neoclásico, Joseph Alois Schumpeter (1883-1950), economista austriaco, profesor
de Harvard, referencia por primera vez el término entrepreneur para referirse a
aquellos individuos emprendedores y empresarios que con sus actividades generan
inestabilidades en los mercados de bienes y servicios. Según Castillo (1999),
la Escuela Austriaca se contrapuso a esta teoría, manifestando discrepancia con
respecto al término, pues muchos emprendedores lograban mejorar y hacer más
eficientes el mercado de bienes y servicios, anulando las turbulencias y
creando nuevas riquezas. En la actualidad se aceptan ambos enfoques como
actitudes emprendedoras, pero los patrones de enseñanza para uno u otro son
diferentes, según la escuela que se analice. En sus obras Schumpeter se destacó
por sus investigaciones sobre el ciclo económico y por sus teorías sobre la
importancia vital del empresario en los negocios, subrayando su papel para
estimular la inversión y la innovación que determinan el aumento y la
disminución de la prosperidad. Popularizó el concepto de destrucción creativa
como forma de describir el proceso de transformación que acompaña a las
innovaciones. Predijo la desintegración sociopolítica del capitalismo que,
según él, se destruiría debido a su propio éxito. En Teoría del
desenvolvimiento económico (1912) recoge su teoría del "espíritu
emprendedor" (entrepreneurship), derivada de los empresarios que crean
innovaciones técnicas y financieras en un medio competitivo en el que deben
asumir continuos riesgos y beneficios que no siempre se mantienen. Todos estos
elementos intervienen en el crecimiento económico irregular.
Para Rafael
Amit (1997), las investigaciones de percepciones de los ejecutivos describen el
emprendimiento o espíritu emprendedor con términos como innovador, flexible,
dinámico, capaz de asumir riesgos, creativo y orientado al crecimiento. Los
libros sobre management generalmente definen el término como la capacidad de iniciar
y operar nuevas empresas, en la cual la visión es reforzada por autores como
Brook (1968), Bennis y Nanus (1985) y Mintzberg et al. (1999).
Ninguna
definición de emprendimiento es lo suficientemente precisa o descriptiva para
los ejecutivos que desean tener más emprendimiento, ya que todo el mundo desea
ser innovador, flexible y creativo. En contraposición, por cada empresa
establecida hay miles de nuevos negocios, tiendas de ropa y empresas
consultoras, que presumiblemente han tratado de ser innovadoras, de crecer y
mostrar otras características que demuestran la existencia de emprendimiento en
un sentido dinámico, pero que han fracasado.
La definición
de emprendimiento, emprendedor y emprender está más enfocada a preguntar: ¿cómo
puedo hacer que la innovación, la flexibilidad y la creatividad sean más
operacionales? (Timmons, 1998). Para ayudar a descubrir algunas respuestas,
primero, se debe analizar el comportamiento que se deriva del espíritu
emprendedor. Es más realista considerar el espíritu emprendedor en el contexto
de un rango de comportamiento.
2. ÁREAS DE
CONOCIMIENTO DEL EMPRENDIMIENTO
Teniendo en
cuenta la relación persona, empresa y entorno, las características de los
estudios del emprendimiento se refieren a empresarios de otras culturas, que
nada tienen que ver con el entorno colombiano y latinoamericano; de aquí se
desprende que la concepción colombiana y latinoamericana del emprendimiento sea
diferente de la de otras latitudes, donde las concepciones culturales y
económicas influencian mucho el fenómeno emprendedor. Por ello, hay que
estudiar el fenómeno emprendedor colombiano para entender qué características
culturales y económicas influyen tanto en la creación de nuevas empresas como
en el crecimiento de las que ya existen.
2.1 Perspectivas
del emprendimiento
Como se ha
observado, existen varias tendencias y modelos de emprendimiento que han
desarrollado diversos autores. Es indispensable tener la concepción de
emprendedor que se quiere estudiar, y analizar las tendencias culturales y su
aplicación en el ámbito empresarial, pues esto servirá de base para el
desarrollo de un modelo de emprendimiento.
Esta mirada
interdisciplinaria permite observar lo complejo y variado que es el fenómeno
del emprendimiento. Un punto de partida para estudiar el emprendimiento es
reconocer su complejidad y variedad en su análisis. Desde el punto de vista de
estudio del emprendimiento, se identifican cuatro perspectivas de pensamiento:
la comportamental, la psicológica (cognitiva), la económica y la de procesos
(Fonrouge, 2002). Esta clasificación se caracteriza por el énfasis en los
aspectos estratégicos, beneficiándose de los avances recientes en el campo de
la estrategia (Mintzberg et al., 1999); también integra las tendencias
cognitivas y de procesos a los campos de la estrategia empresarial como lo
define Laroche y Nioche (1994) y Mintzberg et al., (1999).
- La Perspectiva comportamental o de
comportamiento. Se refiere a la exaltación de la influencia de la persona,
sin mucho impacto. Su propósito es identificar el perfil psicológico que
diferencia al emprendedor exitoso; no reconoce la complejidad del fenómeno
emprendedor por lo que sus resultados no fueron satisfactorios. Gartner
(1985) señala que existen muchos tipos de emprendedores, muchas maneras de
ser emprendedor y sus características de empresas son muy variadas como
las condiciones del entorno en que se desarrollan. En consecuencia, el
análisis del emprendimiento debe cambiar hacia modelos interdisciplinarios
o multivariados que perciban la complejidad de la persona, la empresa y el
entorno; por lo tanto, cualquier modelo que trate de interpretar el
emprendimiento debe tener características económicas, sicológicas y
sociales, y culturales. Al efectuar un análisis de los estudios sobre la
personalidad de los emprendedores, Gartner (1988) manifiesta que presentan
necesidades de cumplimiento y de dependencia, un gusto por el riesgo y un
sentimiento por controlar su destino, anotando que este tipo de estudios
son vanos y no contribuyen a su definición, siendo fundamental volver al
estudio de los mecanismos por los cuales la organización existe, donde el
agente empresarial se permite existir. De esta forma la personalidad
emprendedora está al servicio del comportamiento de los emprendedores, lo
cual es un enfoque conductista que considera al emprendimiento como un
evento contextual, resultado de varias influencias.
- Perspectiva psicológica o
cognitiva. Es una tendencia relacionada con las representaciones o
esquemas que el individuo desarrolla de sus comportamientos; es más
cognitiva, debido al conocimiento que se genera. Esta perspectiva responde
a la comportamental, y desarrolla dos corrientes (Fonrouge, 2002): 1) La
definición de emprendimiento como "eso que es el emprendedor",
no se prescribe al estudio de los lineamientos de personalidad como el
análisis del lugar de control, de la aversión al riesgo o de los deseos de
independencia; y 2) La definición de emprendimiento de "por eso que
hace el emprendedor", donde se analizan contextos de las representaciones
de los fracasos o los éxitos, los resultados deseados, la perseverancia, o
la información para la toma de decisiones (Cooper et al., 1995). Busenitz
y Barney (1997) señalan que los empresarios pueden exhibir fuertes
predisposiciones en la toma de decisiones en el sentido de que son
propensos al "exceso de confianza" y a "generalizar
demasiado a partir de unas pocas características y observaciones".
Palich y Bagby (1995) descubrieron que "los empresarios categorizan
situaciones en forma más positiva que otras personas [...] Por ejemplo,
los empresarios perciben más virtudes que fallas, más oportunidades que
amenazas y un mayor potencial de mejora que de deterioro".
- La perspectiva económica relaciona
una comprensión del fenómeno de emprendimiento desde las acciones del
individuo, asumiendo la calificación de "homo economicus" para
justificar la maximización de la utilidad y, por ende, su bienestar.
Concibe el emprendedor como el dinamizador del desarrollo económico
(Schumpeter, 1949; McClelland, 1961; Hagen, 1962; Casson, 1982). Esta
perspectiva se construye mediante el debilitamiento de la práctica para
identificar, apoyar y aconsejar al emprendedor potencial mediante la
estructura de modelos asociados a los objetivos de maximización de
beneficios, caracterizándose por su aporte teórico. La existencia o la
falta de emprendimiento es la razón de los desarrollos económicos de una
sociedad. La perspectiva behaviorista o psicológica estudia el fenómeno
para explicarlo en dimensiones conductuales y en rasgos personales que
identifican un perfil determinado, pero la complejidad del tema de
emprendimiento ha impedido establecerlo. Esto ha llevado a estudiar y
establecer el proceso de emprendimiento (Gartner, 1985; Bygrave &
Hofer, 1991). Adicionalmente, las contribuciones de Filion (1998), Bruyat
(1993), Julien (1999), Cunnighan y Lischeron (1991), Verstraete (1999) han
apoyado el desarrollo del emprendimiento desde la perspectiva conductual.
Por último, la perspectiva antropológica (Rosa & Bowes, 1990) concibe
el emprendimiento como representaciones del cambio social y de la
integración a las fuerzas económicas y sociales, lo que evidencia la
importancia del emprendimiento como la imagen en el desarrollo de la
sociedad.
- La perspectiva de procesos. Aquí el
individuo es el centro de atención, en una relación dialógica entre su
desarrollo y la creación de valor económico. Sus relaciones repercuten en
el desarrollo de la persona, como característica humanista, estableciendo
retos para el fenómeno del emprendimiento. Se caracteriza por su
definición de procesos de emprendimiento de todas las acciones,
actividades y funciones relacionadas con la percepción de oportunidades y
la creación de empresas, para su desarrollo (Bygrave & Hofer, 1991).
Se ha observado que el área de la estrategia o la planeación estratégica
se enfoca hacia el estudio de los procesos estratégicos en las empresas,
para de esta forma analizar el emprendimiento como proceso que se inicia
en el mercado y se dirige hacia el mercado, como proceso empresarial. Se
fundamenta en recursos y capacidades, relacionada con la lógica económica,
razón por la cual la posición que asume la persona es limitada y reactiva
frente a las condiciones del mercado.
2.2 El
emprendimiento y la interdisciplinariedad
De acuerdo con lo
anterior, el emprendimiento hay que entenderlo e interpretarlo desde diversas
perspectivas para estudiar su complejidad, construyendo un discurso inter y
transdisciplinario que establezca nuevas formas para su consulta, estudio y
entendimiento. Algunos investigadores han recurrido a las consultas
bibliográficas y/o citaciones para identificar la variedad de interpretaciones
sobre el emprendimiento.
Busenitz &
otros (2003) parten del estudio bibliográfico de los artículos publicados sobre
emprendimiento en revistas especializadas más reconocidas de administración
como son AMJ, AMR, SMJ, JOM, OS, MS, ASQ, en el período 1985-1999. Dentro de
los resultados se referencia que la participación de artículos sobre
emprendimiento es de 1.8%, lo cual es muy bajo. También se identifica que la
proporción es creciente a través del tiempo y la característica de los
artículos son de tipo empírico. De acuerdo con lo anterior, se reconoce un
creciente posicionamiento del tema del emprendimiento, y se identifica una
proporción creciente de citas en revistas especializadas. Adicionalmente, se
estableció la alta permeabilidad en el tema del emprendimiento con autores de
otras disciplinas, con lo cual, según Harrison y Leitch (1996), se introduce la
"especialización acumulada" al posibilitar la aplicación de
conocimientos disciplinares a situaciones de emprendimiento, que a la vez son
la semilla sobre la que se construye un nuevo campo de conocimiento del
fenómeno emprendedor (Bygrave, 1989) que requiere la elaboración en aproximaciones
multidisciplinarias.
De esta manera,
el emprendimiento no puede concebirse desde el concepto de oportunidad, ni
desde los rasgos del individuo, ni desde sus capacidades para lograr la
efectividad. Se concibe desde la integración de las características
mencionadas, y se da apertura a la identificación de una nueva área
praxeológica, epistemológica, axiológica y ontológica, desde la perspectiva
antropológica, lingüística, biológica, y por qué no psicoanalítica, que estudia
este tipo de relaciones y características y, por ende, su complejidad.
3. PROPUESTA
DE PERSPECTIVAS SOBRE EL EMPRENDIMIENTO
3.1
Perspectiva cultural
Desde una
perspectiva antropológica, Aktouf (2001) señala que decidir es transformar una
voluntad humana en acto; es el elemento intermediario entre el pensamiento y la
acción, es el momento del paso al acto emprendedor propiamente dicho. Dice que
en todo momento tenemos infinidad de actos posibles o probables; decidir se
convierte entonces en hacer elecciones de manera constante, en seleccionar en
cada circunstancia dada un acto emprendedor. El proceso de decisión es la forma
como se obra y se actualiza esta opción emprendedora. Aktouf señala que es
evidente todo el peso que puede tener la decisión, elemento del proceso
administrativo considerado desde siempre como el más importante; es el elemento
que influye en el emprendimiento y por ende en la vida de las organizaciones,
porque es el momento en que se actualiza la concepción que uno se hace de la
empresa y de sus componentes. Es en la toma de decisiones donde se manifiesta
con máxima claridad la naturaleza del emprendimiento, de las relaciones que
discurren en la organización, la forma en que se considera al personal y el
alcance de su aporte a la empresa.
Dependiendo del
grado de incertidumbre y riesgo, el emprendedor busca tomar decisiones para
aprovechar oportunidades que existen en el entorno, con base en su pensamiento
creativo e innovador para elaborar, mejorar y transformar productos y
servicios, para sacarlos al mercado, decidiendo sobre sus especificaciones y
características. En este contexto, las decisiones desde lo antropológico son
producto de los imaginarios, representaciones o mentalidades sobre la forma de
concebir las oportunidades de innovación, de creación y de negocio.
- Representaciones / Mentalidades y
emprendimiento. Según Mucchielli (1985, 145), la mentalidad se puede
definir como "un sistema de referencia implícito de una sociedad o
grupo social, homogéneo desde el punto de vista del espíritu común. Este
marco de referencia permite a las personas percibir e interpretar la
realidad de cierta manera y por tanto ver las reacciones y conductas de
acuerdo con esa percepción del mundo".
La mentalidad
es construida por todos los factores que inciden en la educación, por las experiencias
de la vida social y por la participación en diferentes grupos que tienen sus
hábitos de comportamiento que se reflejan en forma cotidiana y automática. El
estudio de las mentalidades comprende las influencias que a lo largo de la vida
se perciben, las maneras como actuamos, la forma de relacionar las ideologías,
los imaginarios, las representaciones, creencias, principios y valores, y la
forma como evoluciona, transforma y cambia el pensamiento en el tiempo y el
espacio, como una forma de trascendencia de las ideas del hombre. Desde este
punto de vista, las mentalidades se asimilan a representaciones sociales y
colectivas que el hombre reproduce en su relación con su entorno.
Las
representaciones/mentalidades son lógicas de pensamiento heterogéneos que
adquieren las personas y/o colectividades por influencia de las diferentes
culturas predominantes (Maruyama, 1998). De acuerdo con lo anterior, las
personas difieren no solo en sus aptitudes para desarrollar tareas específicas,
en temperamento y gustos, sino también en estructura de pensamiento y acción, o
de emprendimiento; en otras palabras, varían en los tipos de esquemas mentales,
que inciden en la toma de decisiones de las organizaciones.
El objetivo de
la mentalidad empresarial revela parte del misterio —y de la mitología— del
empresariado (Timmons, 1989, 20). "Una vez que se sabe cómo piensan,
actúan y se desenvuelven los empresarios, se podrán establecer metas para
emular esas acciones, actitudes, hábitos y estrategias, considerando de manera más
inteligente si la soledad de la vida empresaria se condice con su
modalidad". De esta forma la toma de decisiones es el referente o
expresión automática y cotidiana que reflejan las acciones del hombre en un
ámbito determinado, influenciado y determinado por la mentalidad empresarial
predominante en la organización, para satisfacer las necesidades de la
comunidad. En consecuencia, la toma de decisiones es un producto de la
mentalidad empresarial prevaleciente.
- Paradigma antropológico. La
mentalidad/emprendimiento empresarial en el paradigma antropológico se
expresa por los motivos trascendentes, que son los resultados de la
influencia de personas diferentes a la que ejecuta la acción, perseguidos
explícitamente por el valor de dichas consecuencias para aquellas otras
personas que reciben la acción. La toma de decisiones como acción
trascendente (Aktouf, 2001) constituye la manifestación más auténtica de
la mentalidad/emprendimiento empresarial en la que el gerente delega
funciones y autoridad para que se cumpla la opción o acción seleccionada.
Parte del problema para explicar la mentalidad empresarial está
relacionado con el hecho de que la motivación de las personas es la
consecuencia de tres tipos diferentes de fuerza (Perez, 1997); dos de
ellas, (extrínseca y trascendente) dependen de las propiedades del entorno
(lo que ocurre fuera de la gente), pero depende a la vez de dos
características diferentes, a menudo opuestas del entorno: 1) Cuanto más
influencia y "poderoso" es el entorno, mayores son las posibilidades
de que sea una fuente de motivos extrínsecos. 2) Cuanto más débil es el
entorno, mayores son las posibilidades de que sea una fuente de motivos
trascendentes. De ahí de que las decisiones tomadas por los directivos
tengan una relación directa con el entorno empresarial. De esta manera,
los paradigmas de motivación describen la mentalidad/ emprendimiento
empresarial en las organizaciones con base en: a) Metas externas: la
mentalidad empresarial se expresa como un sistema mecánico; b) Metas Externas
e internas: la mentalidad empresarial se manifiesta como un sistema
biológico. c) Metas externas, internas y trascendentes: la mentalidad
empresarial se fundamenta como un agente en libertad o sistema libremente
adaptativo. Así, la toma de decisiones tiene como fuente directa las metas
organizacionales en una relación causa - efecto.
El paradigma
antropológico supone que el comportamiento de las personas en conjunto, y sus
representaciones colectivas, es motivado por causas trascendentes, que son
consecuencias de la toma de decisiones del directivo o lider y que afectan a
sujetos ajenos a quien ordena una acción. De esta manera se identifican
fenómenos como el imaginario, la identidad y la ideología, en la medida en que
esas consecuencias satisfacen necesidades y deseos del agente que realiza la
acción. La mentalidad empresarial crea el imaginario, la ideología, la
representación y el pensamiento colectivo en las organizaciones, lo cual genera
identidad, soberanía y diferenciación en la empresa. Luego, la toma de
decisiones se fortalece en la identidad, el liderazgo y la diferenciación en la
relación con su entorno o medio ambiente, durante el acto de emprendimiento.
En la
descripción de las representaciones, el imaginario, la identidad y la ideología
del emprendedor reflejan los fenómenos propios del paradigma antropológico,
estructurando el sistema de producción de bienes inmateriales que relaciona la
toma de decisiones internas con las externas de la empresa, es decir, enlaza el
imaginario del emprendedor con sus signos, esquemas, arquetipos, símbolos y su
cosmovisión con la identidad y liderazgo colectivo reflejados en el entorno de
la organización. Así pues, se consolidan la identidad, el liderazgo y la
diferenciación como resultado de las representaciones y percepciones del
emprendedor.
En
consecuencia, lo que explica el emprendimiento humano dentro del paradigma
antropológico son los motivos trascendentes, que son consecuencias de la toma
de decisiones que afectan a personas diferentes a la que ejecuta la acción,
quien mediante manifestaciones simbólicas como valores, principios y creencias
generan fenómenos de diferenciación e identidad en aquellas personas que
reciben la acción, es decir, generan un ambiente humano propicio para el
establecimiento del emprendimiento o mentalidad empresarial.
3.2
Perspectiva psicoanalítica
El aporte de
Lacan (1953), con los datos de la lingüística, dan elementos para entender el
desarrollo del fenómeno del emprendimiento, pues desde que nace el individuo es
introducido en el lenguaje, que le da consistencia, una definición de
identidad, una imagen de sí mismo. De esta forma el individuo se constituye y
se construye con la ayuda de palabras, llamadas significantes, provistas de
sentido generalmente diferente para los demás. Lacan señala que el inconsciente
está compuesto de significantes, de pensamientos, donde el sujeto se ubica allí
donde no piensa, y desaparece allí donde piensa. Como una manera de
representación, el existir es mantenerse fuera de sí (ex)(istir), que significa
no mirarse actuar, escucharse hablar, etc. Es decir, el sujeto existe en una
relación constante entre un significante y su significado. En consecuencia, el
inconsciente está allí donde menos se espera, en el existir, en una atención
flotante; se compone de palabras que se insertan en el discurso, pueden oírse y
generan a veces trastornos, gramática que no tiene en cuenta el sentido común,
la lógica, la moral, ni la ortografía, sino un sentido oculto que hay que
descifrar a través de las palabras. Para ello, Lacan analiza la realidad
humana.
La creación y
consolidación de una empresa es similar a una proyección sobre la amplia
pantalla o espejo del mercado. Prueba la capacidad de relación y de escucha,
obligando al emprendedor a poner en práctica su capacidad de convencimiento
para implementar su proyecto, a vender su idea, a utilizar una denominación con
significantes. El proyecto de empresa entraña significantes. El conjunto de
significantes constituye una cultura, es decir, un registro simbólico ofrecido
al individuo por la sociedad que lo acoge, fundamental para el desarrollo de la
persona en el curso de su evolución para "salir" de su relación
consigo mismo, y por ende adoptar comportamientos emprendedores. Por medio del
lenguaje las personas toman forma y gusto por crear, inventar, crecer y
progresar. Se puede hacer una analogía con la organización donde los símbolos
reúnen las individualidades, obedeciendo ellos mismos a una dinámica que
instituye su valor. De esta manera, el emprendimiento aparece como resultante
de la capacidad de hacerse su lugar, de afrontar la mirada de los otros, de
tomar el poder, en suma de persistir en el juego de ser emprendedor.




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